jueves, 1 de agosto de 2013

Para un Amigo Eterno

La vida a veces es una porquería absoluta por no ser tan negativo
una tarde de jueves hablas con tus amigos y como siempre ríes compartes gustos
beben y te mientas la madre y horas después en la madrugada del viernes el teléfono de tu casa suena y el horror entra en tu vida como un vendaval de mierda y desolación te avisan que están muertos, que tus amigos tuvieron un accidente que les arrebato la vida en un instante y no lo puedes creer como si apenas unas horas antes estaba con ellos pensando en próximas participaciones

Y ahora ya no están ni volverán a estar juntos jamás un camión estacionado sin señalizaciones en medio de la avenida principal los mato lloras a mas no poder como un niño por sus familias y en uno de los casos el pequeño que dejo por todo lo que les faltaba por vivir juntos como familias y como colegas y el miedo te funde las neuronas y aprendes el verdadero significado del desamparo, Un dolor seco, sordo, te desgarra con ferocidad sin tregua el pecho, justo ahí
donde se aloja el alma tratas de entender porque pero no lo consigues y te enojas, te rebelas y maldices al cielo pero no hay consuelo que valga el acre sabor de lo irremediable sigue ahí revolviéndote el estómago sabes con certeza entonces que aunque lo sabias nunca habías tomado con verdadera conciencia de ello, que en este universo no somos más que partículas pequeñas y frágiles sin ninguna importancia

Que nuestro tiempo es muy poco y tenemos que aprovecharlo sin desperdiciarlo en estupideces como odio rencor y prejuicio no soy nadie para hablar al respecto de este tema porque son una persona que suele odiar casi todo y a todos claro solo a los que se lo merezcan a mi parecer y esta certeza devastadora te conforta un poco porque aquí y ahora a pesar de todo te queda el recuerdo del tiempo que pasaste con aquellos amigos que ahora no están de esos invaluables momentos de fiestas interminables que eran verdaderos artistas de la alegría y el desmadre y en medio de esta maraña sombría de dolor agradecer a aquel dios
del que tanto hablan que tuviese la ocurrencia de ponerlos en este mundo junto a mí por unos años la oportunidad incomparable que te dio de haber formado parte de la existencia de estos weyes extraordinarios a su manera agradecer sus risas por sus enseñanzas por esas interminables excursiones nocturnas alumbradas por la filosofía de exceso por su camaradería infinita y por todo el amor que les dieron a sus familias.